Primer recuerdo
Aquella mañana abrí mis ojos de forma sobresaltada y sin saber porqué un nudo en mi garganta perpetuaba un agudo dolor que llegaba a mis entrañas y me estrujaba hasta el alma. Entonces le sentí, sabia que estaba allí amanazante, ladrón y destructor. No sé como se metio a mi casa ni como sabia que ahí andaba, sólo corrí a poner a salvo a mis hijos.
Aquel espectro invisible habia asustado tanto al menor que el mismo no podía parar su llanto, sí, ese llanto desconsolado que se difundía como un quejido desgarrador por todo la casa, quejido que provocó que al verle le tomasé en mis brazos y fuese ahí donde las primeras lágrimas desconsoladas de esta historia brotasen vertiginosamente de aquellos hermosos ojos verdes; que siendo tan tiernos expresaban ya espanto y dolor de hombre viejo.
El estupor se apoderó ahora de mi alma al comprenderlo, al sentir que de forma traicionera se presentaba frente a mí tan terrible mal, mal que sin dudarlo rasgaba mi pecho joven con la estocada de aquella invisible pero hiriente daga clavada desde esos días en mi corazón, cuyo único fin ha sido desgarrar de forma constante cada latido, sin causarme esa muerte fisica que tal vez en algún momento y como un pecado de locura ahnelé y pedí a gritos.
Después de tomar a mi pequeño intenté llegar a la habitación de mi otro hijo, sin pensar por un momento que me detendría la que en aquel entonces deseaba con todas mis fuerzas sólo fuese una pesadilla, una mentira recreada por mis sentidos en tan inusual momento, pero ciertamente ocurrío; esa cosa aterradora, ese maldito ente parecía haber conseguido su perverso objetivo.
El tiempo se detuvo en el mismo instante en que lo miré, aquella imperceptible mordaza oprimia aquellos bellos labios, mientras el lújubre instante de la vida se avalanzaba sobre mí para dejar de ser un momento doloroso y convertirse en una constante viva, que se movia por sí misma y casí se atrevia a respirar y susurrar en mis oidos.
Después de presenciar dicha escena creí que aunque el mal ya estaba hecho todo había terminado, pero no, pese a sus malvadas acciones la impalpable criatura aún no estaba satisfecha, fue allí donde se acercó de nuevo dispuesto a rematarme con un segundo puñal que no estaba dispuesta a dejarme clavar, por lo que de forma instintiva cubrí con mis brazos mi corazón asustado que temblaba de miedo, cuyos acelerados latidos se introducian con espanto en mi cabeza, lacerando hasta los pensamientos.
Aquí me hallé abrazando con todas mis fuerzas al mayor de mis hijos como protegiendolo para que ese fantasma no me lo arrebatara, y me di cuenta que lo tenia en mis brazos pero ya estaba lejos de mi, esto me dejó helada el alma por lo menos por los proximos quince años.
Aquí me hallé abrazando con todas mis fuerzas al mayor de mis hijos como protegiendolo para que ese fantasma no me lo arrebatara, y me di cuenta que lo tenia en mis brazos pero ya estaba lejos de mi, esto me dejó helada el alma por lo menos por los proximos quince años.
